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1 de noviembre de 2013

Adiós, Lou: And the coloured girls go, doo doo doo, doo ...

El pasado domingo nos dejaba una leyenda viva de la música, Lou Reed. Días después conocíamos esta foto, la última que le sacó Jean Baptiste Mondino. No os mentiré, soy un gran desconocedor de su trayectoria, desde sus comienzos con The Velvet Underground, una de las grandes bandas de culto del rock, a su carrera en solitario (20 discos de estudio, además de los cuatro con la Velvet y varios discos junto a otras bandas, entre ellos su colaboración con Metallica en "Lulu" (2011), que fue su último álbum publicado).

Así pues, ¿cómo os voy a hablar yo, desde el más absoluto desconocimiento, de la música de Lou Reed? La única manera es ser verdaderamente honesto y hablar de los dos acontecimientos que me han acercado a Reed durante mi vida. 

El primero de ellos fue una cinta de cassette grabada. En la portada aparecía Lou Reed en blanco y negro, y ese disco se llamaba "Transformer" (1972). Aquel segundo álbum en solitario de Reed, producido por quien fue uno de sus grandes amigos, David Bowie, y un colaborador habitual de éste último en los 70, Mick Ronson, contenía las canciones más populares del artista. En poco más de media hora de duración, se juntaban sus clásicos "Walk On The Wild Side", "Perfect Day" o "Satellite of Love", logrando uno de los trabajos más míticos del cantante y compositor.

Esa química que siempre tuvo con Bowie forjó una amistad que se mantuvo hasta el fin de sus días, y esa amistad tiene mucho que ver con el segundo acontecimiento que me acercó a Reed. 

Año 2004. Para celebrar el Año Xacobeo se deciden realizar tres días consecutivos de conciertos en el Monte do Gozo, en Santiago de Compostela, que reúnan a los grandes artistas del presente con grandes leyendas. Así, por allí pasan grupos como Massive Attack, Chemical Brothers, Iggy Pop & The Stooges o Bob Dylan, entre otros. Pero hay, en especial, un día en el que confluyen tres artistas especialmente queridos por un servidor: Muse (en su mejor momento, dicho sea de paso), The Cure y el grandísimo David Bowie. Pero, apenas un mes antes, durante un concierto en Oslo (Noruega), Bowie es alcanzado en el ojo por un chupa-chups lanzado por un fan, algo que no pasaría de ser una mera anécdota de no ser por lo que sucedería tan sólo una semana después. Durante un concierto en Alemania, Bowie siente un fuerte dolor en el pecho. Una obstrucción de una arteria coronaria que requirió una intervención médica y provocó la cancelación de todo el resto de la gira, incluido su concierto en Santiago. Desde entonces no ha vuelto a pisar un escenario para dar un concierto, más allá de alguna colaboración puntual junto a Arcade Fire, David Gilmour (Pink Floyd) o Alicia Keys.

La escasa capacidad de maniobra con tan poco tiempo y, probablemente, la amistad que unía a ambos artistas, propició que fuese Lou Reed el llamado a sustituir al "Duque Blanco" sobre el escenario del Monte do Gozo. Provocando el descontento de gran parte del público, entre los que me incluyo, Reed no logró cubrir un hueco imposible de llenar probablemente para cualquiera, además del handicap de actuar después del trallazo de Muse y antes de un concierto tan especial como lo fue el de The Cure. No podría afirmarlo con total seguridad, pero juraría que entonces no sonaron ni "Perfect Day" ni "Walk On the Wild Side", aunque creo recordar que sí lo hizo "Sweet Jane". No fue uno de mis conciertos favoritos, pero ahora sé que a todas luces es ya irrepetible. 

Nunca es tarde para repasar los clásicos, que a veces parece que los medios musicales necesitan que se vaya el artista para hablar de todo lo que ya no pertenezca a esta década. Lo ideal, probablemente, sea comenzar por el principio y escuchar aquel primer álbum de la Velvet Underground, "Velvet Underground & Nico" (1967), aquel en el que en su edición original podíamos "pelar" el plátano diseñado por Andy Warhol para la portada. Lo que nos deja Reed tiene un valor incalculable: su música.


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