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19 de marzo de 2013

Beach House, Hard Club, Porto, 17-03-13

Parecía, si no imposible, poco probable, pero lo cierto es que aún el viernes pasado, tan sólo 48 horas antes de la visita de Beach House al Hard Club de Porto, quedaban entradas. Quizás fuese porque el año pasado ya pasaron por el Optimus Primavera Sound en la ciudad, pero la ocasión de verles a gusto en una sala era para pensárselo. Ya habían agotado en los conciertos de Madrid y Barcelona y, aunque no con tanta rapidez (cosa que algunos agradecimos y mucho), también lo acabaron haciendo en Porto.

Nunca antes había estado en el Hard Club. Para entendernos, la sala grande del Hard Club (creo que hay, al menos, una más) tiene una capacidad muy semejante a la de la santiaguesa Sala Capitol. El escenario eso sí, es algo más grande, pero la gran diferencia es que es más acogedora, menos impersonal que la sala gallega. Por lo demás es casi clavada.

Sobre las 21:30 (hora portuguesa), salió a escena Marques Toliver, el telonero. Creo que la mayoría de nosotros no le conocíamos (ni siquiera me sonaban su cara ni su nombre), pero su propuesta fue tan sencilla como efectiva. Con su voz y su violín, Marques se ganó nuestro interés y, aunque no fuera protagonista en absoluto, jugó bien su papel de actor secundario. Buscando ahora, a posteriori, en la red de redes, uno descubre que el desconocido no lo era tanto. Era aquel chico que bailaba en el videoclip de "Laura", de Bat For Lashes, y ha tocado durante años como músico callejero y colaborado en varios discos de artistas de la escena de Brooklyn. Ahora está a punto de publicar su álbum de debut. Le seguiremos la pista.

Lo que sí se nos hizo muy largo fue la espera de 30 minutos entre el final de la actuación de Marques y la salida al escenario del dúo estadounidense. Ya un poco apelotonados y entre el humo para "dar ambiente" (que manía tienen de gasearnos en algunos conciertos) y el que procedía del tabaco de algunos (sí, la prohibición también existe aquí pero se la pasan por el forro), el tiempo pasaba lentamente. No fue hasta las 22:30 cuando el dúo-trío (en escena son tres, pero al pobre batería no lo sacan en las fotos), pisó por fin el escenario del Hard Club.

Con una puesta en escena sobria y unas luces mínimas (si los que estábamos entre las primeras filas apenas les veíamos la cara, no quiero ni pensar los que estaban al fondo), Beach House abrieron sobre seguro con una de las canciones de su obra maestra, "Bloom" (2012), "Wild". Sonaron las primeras notas y nos quedamos hipnotizados cuando escuchamos la voz de Victoria Legrand. Con una chaqueta de lentejuelas que reflejaba las pocas luces que se ceñían sobre ella, se convertía en el centro de atención, quedando en un segundo plano tanto Alex Scally (su mitad en el dúo), como Daniel Franz, el batería que les acompaña en directo. 

Como si estuviésemos en un sueño, el universo onírico de las canciones del dúo nos cautivó a todos. Especialmente, fueron las canciones de "Bloom", lógicamente, las que despertaron mayores aplausos entre el público. "Other People" y, más concretamente, "Lazuli", estaban entre las más esperadas y obtuvieron una gran acogida. Y es que Beach House suenan exactamente igual que en el disco (en el mejor sentido de la palabra). 

Pero no podemos (ni debemos) olvidarnos de los temas de "Teen Dream" (2010). "Zebra", "Take Care" o las enormes "Walk in the Park" y "Norway", entre otras, nos hicieron volar cada vez más alto. La combinación entre unos y otros, intercalando otros temazos como "The Hours" o, muy especialmente, las magníficas "New Year" y "Wishes", que llegó casi al final del concierto, permitieron al dúo construir un repertorio difícilmente mejorable. Y todo ello hasta acabar en el clímax absoluto.

"Myth" es LA CANCIÓN, así, en mayúsculas. Para muchos de nosotros, el tema más maravilloso publicado en 2012 y el gran estandarte del grupo. Una de las grandes razones para verles en directo y un final, simple y llanamente, perfecto.

Sin embargo, y aunque soy de los que piensan que después de "Myth" no tiene sentido ya que suene nada, hubo un bis de un par de canciones que acabó con la preciosa "Irene", tema que cierra su obra maestra más reciente, "Bloom".

Ochenta minutos de concierto que merecieron la pena, que valieron los cientos de kilómetros (unos 400 ida y vuelta) que nos hicimos y que nos recordaron que merece la pena seguir persiguiendo nuestros sueños, sueños que, gracias a gente como Beach House, nos ayudan a escapar a un mundo mejor, lejos, muy lejos de éste.

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