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15 de agosto de 2012

Marés Vivas TMN 2012 (21 de julio): Los suecos no sólo saben montar muebles, también montan fiestas

Después de varios días de conciertos (este era ya el cuarto), el Marés Vivas se disponía a cerrar ésta su edición número 10 con un cartel de lo más dispar. Por un lado, el público más indie y el más punk tenían una cita con The Hives, mientras los portugueses esperaban a Pedro Abrunhosa o Mónica Ferraz y los amantes del R&B más mainstream esperaban ver a Anastacia en directo. 

Mónica Ferraz abría el escenario grande con su propuesta de soul y R&B. Ex-componente de un dúo luso de música electrónica llamado Mesa (llegaron a tocar en el Cultura Quente hace unos años), Ferraz goza en estos momentos de cierta popularidad en el país, gracias a su debut en solitario "Start Stop" (2010). 
Su estilo no termina de encajar en un festival común (¿acaso encajaba Anastacia?), pero el Marés Vivas es cualquier cosa menos común. Reunió a un considerable número de gente y, ciertamente, consiguió llegar a sus seguidores. Canciones como "My Love" o "Golden Days" fueron coreadas por sus fans, aunque al resto del público nos resultase más difícil encajar su propuesta en el festival (hubiese sido más apropiado un teatro, por ejemplo). A nosotros trató de llegar con su versión de "Le Freak", el clásico discotequero de Chic de finales de los 70.  
Su música suena bien pero, simplemente, no era el momento ni el lugar.

El concierto que más esperaba el sábado era, sin duda alguna, The Hives. De hecho, de no ser por ellos probablemente incluso me habría ahorrado el desplazamiento desde el hotel hasta el recinto del Marés Vivas en la playa del Cabedelo. 
No soy un gran fan de The Hives, apenas habré escuchado dos o tres discos suyos y, sin embargo, sabía que en directo eran la bomba. La fama de su espectáculo precede a los suecos y con ellos sabemos que la diversión está garantizada.
Empezaron tocando canciones de su nuevo trabajo, "Lex Hives" (2012), como "Come On!" o "Take Back the Toys" , metiendo por el medio alguna vieja canción como "Try It Again". Trajeados y con sombrero de copa, tal y como aparecen en la portada de su último disco, The Hives comenzaron a calentar el ambiente con su vocalista Howlin' Pelle Almqvist al frente ganándose al público desde el minuto uno. Su simpatía, su carisma y sus ganas de liarla fueron claves cuando sonó el primer hit de la noche, "Walk Idiot Walk", poniendo a todos los presentes a botar.

Sin duda, Almqvist es lo que hace que The Hives sean especiales. Pese a centrarse en "Lex Hives", cuyas canciones ocuparon la mitad del setlist, la banda supo ir dosificando sus éxitos como "Main Offender" o "Won't Be Long". Uno de los momentazos del concierto llegó con una inesperada incorporación a la formación sueca que ni siquiera su protagonista se esperaba. 

El afortunado espectador portaba consigo un cartel en el que pedía poder tocar al bajo "Hate to Say I Told You So" con The Hives. Y así fue. Almqvist paró en medio de su mayor hit, la anteriormente mencionada, y pidió al chico que subiese al escenario. Como un niño con zapatos nuevos, el inesperado protagonista se unió a la banda para tocar el bajo en "Hate to Say I Told You So", con todos los presentes botando y bailando. 
El final llegó un par de temas después con "Tick Tick Boom", otro de sus éxitos planetarios, que incluyó el movimiento congelado de sus protagonistas en mitad del tema y bajo el clamor de un público entusiasmado.

Grandes. Sólo así se puede describir lo que The Hives hicieron sobre el escenario. Fueron merecidos triunfadores de la jornada en el festival y se ganaron el cariño y el respeto de todos los allí presentes. Chapeau.

Quedaban por tocar Anastacia y Pedro Abrunhosa, toda una institución en la música lusa, pero al día siguiente tocaba el regreso a tierras gallegas, así que optamos por ver sólo un poco de la actuación de Anastacia.
Estamos de acuerdo en que su nombre era, con mucho, el que menos pegaba en un cartel muy variado y para todos los gustos. Con todo, atrajo a un numeroso público, ya fuese por curiosidad, por sacarle el máximo rendimiento al abono o por su música, simplemente. 
En lo poco que vimos, Anastacia hizo repaso a sus éxitos con canciones como "Why You'd Lie to Me", "Sick and Tired" o "Welcome to My Truth". Su puesta en escena tampoco era para tirar cohetes (la banda sobre el escenario y punto), así que después de oír "Sick and Tired" nos despedimos de Anastacia y del Marés Vivas.

El Marés Vivas es todo lo opuesto del Optimus Alive. No hay que estar desde las 5 de la tarde en el recinto ni te vas a perder a ningún grupo porque se pisen los escenarios, y eso es un punto a favor. También se da una cercanía al público impensable en el Optimus (lo de subir a un espectador e invitarlo a tocar con su banda favorita jamás sucederá en Algés), y resulta bastante fácil poder ver en condiciones (y no desde Cuenca) a cualquier grupo. 
Por el otro lado está su precio (50 euros el abono anticipado, 60 en taquilla) más que atractivo y la variedad del cartel, que aunque pueda parecer incoherente, consigue llenar prácticamente todos los días el recinto. Por aquí ya han desfilado Placebo, Editors, Goldfrapp, The Prodigy, James, Ben Harper o Macy Gray, y por el momento el festival sigue creciendo. 
Además, tiene ese toque de feria y fiesta popular que añade un toque kitsch al evento (si en próximas ediciones hay noria y un puesto de algodón de azúcar ya sería lo más). 

Han sido diez días de festivales y probablemente no repita experiencia a corto plazo, pero ha valido la pena. Los dos grupos clave que quedaban en mi lista de conciertos imprescindibles, Radiohead y Garbage, ya los he podido tachar de mis sueños pendientes de realizar. Por supuesto, quedan muchos otros grupos que molaría ver y algunos que se antojan ya imposibles (¿volverás a cantar algún día, Bowie?), pero ningún sueño es irrealizable, ¿verdad?

Puedes ver más fotos del festival en Facebook.

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