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7 de junio de 2012

Rufus Wainwright, Palacio de la Ópera, Coruña, 06-06-12

El mes pasado la revista Rockdelux entrevistaba al fotógrafo Francesc Fàbregas, toda una referencia en la fotografía de conciertos de este país, y que acababa de editar un libro que recogía algunas de sus mejores fotos entre 1974 y 1994. Cualquier persona que se dedique habitualmente a la fotografía de conciertos estaría de acuerdo con la mayor parte de sus declaraciones (os recomiendo que os leais la entrevista completa si tenéis oportunidad), pero entre ellas me gustaría destacar especialmente un par de ellas que aquí vienen al pelo: 
La última vez que vinieron Wilco a Barcelona no conseguí que la promotora me dejara hacer fotos. Me apetecía porque era un concierto sentado. No pudieron darme fotopase porque ya tenían treinta acreditados. Al final tomé unas cuantas imágenes con la cámara pequeña que siempre llevo encima. Aproveché el bis, cuando todo el mundo estaba levantado y ya nadie controlaba (...).
Los que empiezan ahora a hacer fotos de conciertos lo tienen peor que yo porque hay mucha competencia, las tarifas no dejan de bajar y con el digital todo el mundo cree que puede hacerlo. El fotógrafo de rock en este país siempre ha dado penilla (...).
Todo esto viene a cuento porque ilustra a la perfección la frustración que muchos sentimos a menudo al tratar de ser acreditados como fotógrafos. Fotógrafos no remunerados, dicho sea de paso, y que seguimos haciendo esto por amor al arte.
El caso que nos ocupa tuvo lugar ayer con motivo del concierto de Rufus Wainwright en el Palacio de la Ópera de A Coruña. El día anterior, y con las entradas ya compradas, me puse en contacto con la promotora para saber si podría tomar unas fotos durante el concierto. La respuesta fue que las acreditaciones estaban ya cerradas, pero que intentase hablar con alguien de prensa para ver si habría un hueco y colarme si era posible.
Aunque parezca mentira, no había un sólo cartel, un sólo flyer en todo el recinto que, en efecto, certificase que Rufus tocaba en el Palacio anoche (dentro no faltaban carteles de 100 x 70 anunciado a cierta "mentalista" que ha saltado a la fama gracias a un programa televisivo). Tan sólo unas letras grandes en un folio (letra Arial o Times New Roman, no recuerdo) que decían "Rufus Wainwright. Esta noche a las 21:30. Entradas en Taquilla 2." La segunda sorpresa fue la confirmación de una mentira que nos están colando doblada desde hace unos cuantos años. Las entradas en taquilla costaban 40 euros. Si las habías comprado previamente por Internet, como yo hice, te costaron 40 euros más "gastos de distribución", es decir, 41'60 euros. Ese 1'60 se los lleva un banco, una agencia de viajes o cualquiera que sea el mediador de turno por imprimir un papel (a veces ni siquiera hace eso). Parece una frase hecha aquello de "esto en otros sitios no pasa", pero es que es así. Más allá de que resulte ilícito cobrar más por una entrada en taquilla que por una anticipada, es que resulta además vergonzoso. En fin, volvamos al tema.
Una vez allí, hablo con alguien de prensa. Todo amabilidad e incluso disposición, pero en cuanto se me escapa en un arranque de honestidad que "no me prometieron nada", la conversación queda zanjada y además "me invitan" a dejar mi cámara en consigna. Supuestamente, está todo completo para hacer fotos.

Como uno no ha nacido ayer y no es el primero ni el último concierto al que voy, decido entrar con la cámara de todos modos y sólo dejarla en consigna si me lo piden a la entrada. No lo hacen.
Dieron las 21:37, se apagaron las luces y Rufus Wainwright y su banda aparecieron en escena. ¿Sabéis cuantos fotógrafos acreditados esperaban junto al escenario? Los mismos que durante todo el concierto. Ninguno. Sin embargo, los flashes de cámaras compactas y teléfonos móviles desde el público podían verse de vez en cuando.
Con toda la iluminación apagada a excepción de unas cuantas velas sobre el escenario, Rufus comenzó a cantar en la más absoluta oscuridad. Ataviado con una pintoresca vestimenta, como después podríamos comprobar, el músico mitad canadiense mitad norteamericano dejó claro desde el primer momento que venía a presentar "Out of the Game" (2012), su último trabajo. Entre canciones como "Rashida", "Jericho", "Barbara" o la que da título a este disco, "Out of the Game", sólo se colaba de vez en cuando alguna canción de sus inicios como "Greek Song", de "Poses" (2001), o alguna versión tanto de su madre, Kate McGarrigle, como de su padre, Loudon Wainwright III.
Abandonó el escenario en una ocasión para ceder el protagonismo absoluto a su pianista y a dos de las voces de su banda, que no defraudaron cantando en solitario.

Está muy claro que las canciones de "Out of the Game" no son, ni de lejos, como las de sus tres grandes discos: "Want One" (2003), "Want Two" (2004) y "Release the Stars" (2007); pero Rufus lo suple sobre el escenario con su carisma, sus conversaciones con el público y su grandísima voz, siempre acompañada del talento de una banda envidiable. "The One You Love" y "Going to a Town", las únicas que interpretó de su repertorio más conocido, fueron también las que despertaron las mayores y más extensas ovaciones, y las que supusieron los mejores momentos de su concierto. Con la banda abandonando el escenario poco a poco remataba la primera parte del concierto.
El primer bis arrancó también con una de sus canciones más bellas, "The Art Teacher", para luego volver a su nuevo disco e incitar al público a ponerse en pie y acompañar con palmas "Bitter Tears". Después de la ovación del público y la reverencia teatral de la banda, acababa el primer bis.
Entre aplausos, Mr. Wainwright volvía al escenario para enfrentarse en solitario al piano y cantar un par de temas más, incluyendo una versión de su madre que, en palabras del propio Rufus, "se acordó mucho en sus últimos momentos (falleció en 2010) de Santiago de Compostela, aunque nunca pudo venir. Sin embargo, creo que, de algún modo, finalmente ha podido ir allí."
Un buen concierto, al fin y al cabo, pero que no tiene la garra que tenían sus espectáculos cuando presentaba "Release the Stars" y salía al escenario vestido de Judy Garland en los bises. Al menos nos queda un gran recuerdo a los que pudimos verlo en directo entonces, pero es una lástima que no podamos revivir aquellos conciertos. Tal vez podamos hacerlo en el futuro, quién sabe.

Fotos: Juanjo Conde

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