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19 de diciembre de 2011

Vetusta Morla, La Riviera, Madrid, 16-12-11

Texto: Jero
Fotos: Laura Menéndez Sánchez

A la banda madrileña de indie rock (etiqueta tan imprecisa como caprichosa) Vetusta Morla no podrían estar saliéndole mejor las cosas.

Su debut “Un día en el mundo” recibió en 2008 todo tipo de elogios por parte de la prensa especializada (entre otras cosas, fue número 1 en la lista de discos favoritos de aquel año de Paragustoscolores), cosechó premios, supuso un inesperado y arrollador éxito de público y motivó una larguísima gira que los llevó a visitar prácticamente toda la geografía española. Lejos de aprovechar ese momento de popularidad para publicar con prisas un segundo álbum que los estableciese definitivamente entre el gran público, los de Tres Cantos aguardaron más de tres años antes de lanzar su segundo LP, “Mapas”, confirmando que lo suyo no es tanto una búsqueda del éxito inmediato como un intento por fraguarse una carrera con visos de longevidad y, sobre todo, de un esfuerzo constante por no ceder a las tentaciones del éxito. La jugada volvió a salirles a pedir de boca: si por un lado “Mapas” se manifiesta como el siguiente peldaño en el proceso de maduración de su sonido (ahora menos inmediato, es cierto, pero al cambio más denso y elaborado), por el otro ha confirmado su buena síntonía con un público que abarca desde la fan chillona de Pereza hasta el melómano algo más curtido que echa de menos a los Radiohead de “The Bends”.

La concreción última de esa comunión con el público es, por supuesto, el directo. Y ahí las cifras son nuevamente rotundas: tras nueve meses girando por España y México, Vetusta Morla volvió este diciembre a su Madrid natal para ofrecer cinco conciertos consecutivos en la Sala La Riviera, en cuyas taquillas hubo de colgarse el cartel de “Entradas agotadas”. Allí estuvimos el viernes 16 para disfrutar del espectáctulo (lo adelantaba Tenenbaum hace unos días en esta entrada) y esto fue lo que nos encontramos:

En primer lugar, puntualidad. Cosa que se agradece, y mucho. Los teloneros Amigos Imaginarios salieron al escenario a las 20:30 y cumplieron con las expectativas: entretener a un aforo completo que acudía muy motivado al encuentro con Vetusta Morla y que tampoco estaba por la labor de prestar demasiada atención a los preliminares. Amigos Imaginarios desplegaron con humor y cercanía su repertorio de rock arraigado en el blues blanco y, aunque no deslumbraron (es lo que tiene el excesivo clasicismo, que a veces peca de impersonal), amenizaron agradablemente la corta espera hasta el auténtico motivo de la velada.

A la hora convenida, el sexteto de Tres Cantos hizo acto de presencia bajo los focos de La Riviera abriendo el recital con el tema que inicia su segundo LP, ese inspirado crescendo de belleza y ruido “que acaba en eco” y que responde al título de “Los días raros”. No hizo falta más para que la platea alcanzara la euforia colectiva, se arrancase a cantar desde el primer verso y demostrase que se traía la lección bien aprendida de casa. Le siguieron otros dos temas del nuevo álbum, “Boca en la tierra” y “Cenas ajenas” (ésa en la que la sombra de Johnny Greenwood más se alarga sobre los riffs de guitarra provocando un involuntario arqueo de ceja en el respetable), que fueron igualmente bien recibidos por un público que, sencillamente, ya estaba a los pies de los vetustos desde el día en que había comprado la entrada para el concierto. Yo no lo dudo: un 10, en entrega y entusiasmo, para los asistentes.

Con todo, son las canciones de su primer álbum las que parecieron estar más aferradas al corazón de los/las groupies allí congregados/as. Los primeros acordes de “Copenhague” (un claro favorito entre el repertorio de la banda) hicieron saltar alguna lágrima de emoción entre los presentes, emoción mudada en desgañitado cántico coral cuando el siguiente escalón en el setlist, “Un día en el mundo”, enfiló su estribillo con el archiconocido “Mírame, soy feliz...” que tanto hemos escuchado (para desgracia de los numerosos haters del grupo) en las ondas radiofónicas. Otras dos contribuciones del segundo LP, “Escudo humano” y “Baldosas amarillas”, supusieron el cierre de una primera parte del concierto marcada por un riguroso encorsetamiento respecto a las versiones de estudio de las canciones.

Fue entonces cuando Pucho, el espídico frontman del grupo, confesó que su siguiente tonada, “Maldita dulzura”, había sido compuesta para dos voces (una masculina y otra femenina, al más puro estilo Pimpinela), y que por fin se iban a quitar la espinita de poder interpretarla tal y como había sido originalmente concebida. Para sorpresa de los allí congregados, la cantautora Anni B. Sweet (de la que me resulta difícil obviar sus arribistas similitudes con el fenómeno Russian Red) subió en ese momento al escenario e interpretó junto a la banda aquel medio tiempo de romanticismo cínico que siempre ha sonado mejor en vivo que en estudio. Despedida entre aplausos la colaboradora, el concierto se aceleró nuevamente para dar cabida al que fuese primer adelanto de “Mapas”, el rock de resonancias bíblicas “En el río”, y a dos de los puntos álgidos de su álbum de debut: la enérgica “Valiente” y la (aquí sí) enriquecida versión en directo, con el apoyo del público, de la festiva “Saharabbey road”, con la que hace años los vetustos solían poner punto final a sus recitales.

“Canción de vuelta”, tal vez uno de los cortes más discretos de “Mapas”, redujo el tempo y permitió a Pucho hacer a continuación un breve discurso sobre la lipodistrofia muscular, una grave consecuencia habitual del uso de fármacos retrovirales. La cosa venía a cuento de su siguiente canción, “Un plan mejor”, incluida en la banda sonora de un documental sobre esta afección médica, “Elige siempre cara”. Sin ser un gran tema (poco conocido además entre el público), constata las buenas intenciones extra-musicales de la banda, que siempre se ha manifestado proclive a los avances de carácter social. De hecho, su reconocida simpatía hacia el movimiento 15-M inspiró, tras la interpretación de “Rey sol” y “Mapas” (la canción que da título a su segundo LP), otro breve speech introductorio a “El hombre del saco”, canción cuyo reciente videoclip carga frontalmente contra la figura del corrupto banquero/empresario/político que ha llevado al sistema económico al abismo de la actual crisis mundial.

Momento entonces para la pausa de rigor que antecede al coyuntural bis (esa tradición que, por el uso y abuso, ha perdido ya toda capacidad de sorpresa y se revela mero trámite), circunstancia que el público aprovechó para entonar al unísono los pegadizos fraseos corales de “Saharabbey road", demostrando la condición de himno de la susodicha. La banda no tardó demasiado en regresar al escenario, y lo hizo acompañada de un dúo de violín y acordeón, la Barrunto Bellota Band, que contribuyó a insuflar mayores dosis de lirismo e intimidad a una “Al respirar” que ya se descubría desde su concepción como una de las composiciones más poéticas de su repertorio.

La recta final del concierto la iniciaba “Mi suerte”, seguida del pegadizo single “Lo que te hace grande”, y alcanzaba el clímax de compenetración con unos ya muy satisfechos fans con dos últimos regalos provenientes de “Un día en el mundo”: la divertida declaración misántropa de “Sálvese quien pueda” (no quedó asistente sin clamar el consabido “hay tanto idiota ahí fuera” como si el mundo fuese a terminar al hacerse el silencio) y el trallazo rockero de "La cuadratura del círculo”. Se trata esta última de una de las canciones que más ha acusado la evolución de la banda sobre el escenario y también la que, en cierto modo, mejor ejemplifica todo lo que Vetusta Morla puede llegar a ser con el tiempo. Desde el introductorio diálogo con el público al más puro estilo de Freddie Mercury en Wembley hasta el delirio final que enlaza con el post-rock más ruidoso y experimental, el repaso a las capitales sudamericanas de “La cuadratura del círculo” rubricó un fin de fiesta de lujo para un concierto que superó ampliamente las expectativas iniciales y que voló en muchas ocasiones bastante más alto de lo imaginado.

Y lo dice un tipo que, con ésta, ya ha visto a Vetusta Morla en directo cinco veces.

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