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31 de mayo de 2010

Grizzly Bear, Coliseu do Porto, 27-05-10

A golpe de jueves, sin festivos a la vista, no son muchos los que se atreven a cruzar la frontera portuguesa y aprovechar el cambio de hora para llegar justito para un concierto. Pero bueno, esta vez era especial. En primer lugar, porque era un bonito regalo de cumpleaños y, en segundo, porque se trataba de Grizzly Bear, uno de los grupos que más ha dado que hablar el pasado año.
Dado que mi relación con el Coliseu do Porto es como la de Lost y la isla (me da la sensación de que alguien lo cambia de sitio cada vez que voy), nos perdimos, como viene ocurriendo el 90% de las veces. Aún así, llegamos a tiempo de sobra para sentarnos y tener que esperar la media hora de retraso con la que empezó el concierto.

La encargada de abrir el evento era Cibelle, una desconocida para nosotros. La artista brasileña se presentaba sola en el escenario con su guitarra y acompañada de un montón de extraños sonidos (la mayoría de ellos salidos de la jungla, monos y demás). Aunque tenía muy buena voz, el volumen era de los que hacen daño y Cibelle parecía un poco ida de la olla. Estéticamente, fue acertadamente definida por mi hermana como una mezcla entre Amy Winehouse y Martirio. Fueron unos tres cuartos de hora, bis incluido pedido por un pequeño grupo de seguidores, que se nos hicieron muy largos.

Poco después salian al escenario Grizzly Bear. En un escenario plagado de cruces con luces colgando que subrayaban la espiritualidad de su música, los neoyorkinos arrancaron con "Southern Point", de su aclamado último disco "Veckatimest". Las voces de Daniel Rossen y Ed Droste sonaban maravillosas, así como las del resto del grupo, que aquí todos cantan. Cada nota en su sitio, un sonido muy limpio, todo parecía intuir un concierto genial. A "Southern Point" le siguieron "Cheerleader", "Lullabye" o "Fine for Now", entre otras. Pero la sorpresa llegó con "Two Weeks".

Aunque esperábamos que la canción llegase al final del concierto, quizás en los bises incluso, sonó poco después de haber empezado. Para "Two Weeks", además, Ed Droste reclamó la presencia en el escenario de Cibelle haciendo los uoh-uoh's que en el original corresponden a Victoria Legrand. En directo "Two Weeks" suena tan maravilloso como en disco, más aún si cabe, aunque se echaba en falta participación popular. Claro que esto se debía en parte al hecho de estar sentados, que siempre suele distanciar al público del grupo. Pasada la prueba ya del tema más popular de la banda, los Grizzly rescataron "Colorado", de su anterior disco "Yellow House". Pronto sonaría la también maravillosa "Ready, Able" que, junto con el efecto de las luces participando como una coreografía, creaban un ambiente mágico. Ya con nuestros espíritus redimidos, afrontamos la belleza de "Foreground". Conforme se acercaba el final, Droste nos pidió que nos levantásemos para bailar y animar un poco el cotarro diciendo: "Thursdays are the new saturdays".

Con "While You Wait for the Others" y todo el público en pie se producía una mayor conexión entre público y banda. Aunque limitados por la proximidad de las butacas, todos nos movíamos dentro de lo posible. La cosa iba tocando a su fin y los Grizzly se despedían tras un par de canciones más. Tras los aplausos y una corta espera, volvían al escenario para rematar la jugada y agradecer su asistencia a todos los presentes con "All We Ask".
Un concierto distinto, una puesta en escena bastante oscura y una maravillosa música que nos transporta a un mundo onírico al que pocos pueden llevarnos. Si es que estos chicos cantan como los ángeles...

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