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24 de mayo de 2010

El final de la historia más grande jamás contada

Sé que esto suele ser un blog musical, pero hoy la excepción es obligada. Millones de personas nos levantamos este lunes a las 6 de la mañana para ver en directo el final de la historia más grande jamás contada en televisión. Algunos llevaban 6 años esperando este momento, otros llevábamos algo menos. El final de "Lost" quizás no haya contentado algunos, pero si creo que a la mayoría (yo me incluyo). Unos esperaban más explicaciones, otros han preferido cebarse con la emisión de Cuatro y quejarse de errores en los subtítulos cuasi instantáneos o en unos minutos que parece ser se comieron en la emisión del último capítulo. El final sigue siendo el mismo. Y debo decir que es maravilloso, porque no hace sino confirmar lo que todos sospechábamos desde hace un tiempo y presentarlo de la mejor manera posible.
Muchos no la habéis visto, me consta, pero debo deciros que os habéis perdido una experiencia totalmente increíble. Y no sólo por su historia, no sólo porque nadie podía sospechar que un accidente de avión diese pie a abarcar una historia tan grande como la vida misma, sino porque es algo irrepetible. Todavía trato de imaginar el momento en que J.J. Abrams y Damon Lindelof, al que les habían pedido una serie en plan "Supervivientes", presentaron la historia que querían contar. Seis años más tarde aquí estamos, viendo como se cierra el ciclo.
Hoy nos ha dejado la más guapa de las novias, la que nos hizo reír y llorar y nos sacó de quicio de vez en cuando, la que nunca acabamos de entender por completo, pero sabemos que nos tiene que dejar. La puerta de embarque para el vuelo Oceanic 815 se ha cerrado.


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