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19 de mayo de 2016

Una de cine: "Toro" (2016)

En 2011, Kike Maíllo estrenó su primera película, "Eva". Con ella demostró que, con imaginación y talento, también podíamos hacer ciencia-ficción en España, aún estando lejos de los presupuestos que se manejan en Hollywood. La Academia de Cine española nominó la película en 12 categorías, que resultaron traducirse en 3 Premios Goya y, así, Maíllo se convirtió en uno de los cineastas más prometedores del panorama español.

Cinco años después, Maíllo vuelve a atreverse con un género poco habitual en el cine español. Y es que, por mucho que la quieran englobar dentro de una categoría tan manida y amplia como es el "thriller", "Toro" (2016) es puro "neo-noir". ¿Qué es el "neo-noir"? Pues digamos que es un cine negro que ha actualizado visual y estéticamente su temática, diferenciándose así de los clásicos de los años 40 y 50. "Drive" (2011) o "Brick" (2005) son dos buenos ejemplos de este género.

Un reparto de lujo que representa a tres generaciones distintas de actores (José Sacristán, Luis Tosar y Mario Casas), es el encargado de dar veracidad a la historia. El punto de partida es ya un clásico: un chaval metido en un oscuro mundo de delincuencia y corrupción, decide dejar ese modo de vida. Como se suele decir, el pasado siempre vuelve, más si tu hermano es experto en meterse en problemas y esos problemas te meten en un lío con un mafioso como el que interpreta José Sacristán

A partir de ahí, los aspectos más clásicos del género: persecuciones, venganza, robo... Pero todo ello contado de una manera muy personal y visual. Esa marca de identidad propia se hace patente desde los títulos de crédito, acompañados de la canción "Sangre y Alquitrán", compuesta por Joe Crepúsculo y cantada por Soleá Morente. Inspirados visualmente en los de series como "True Detective", son sencillamente deslumbrantes. La música de Joe Crepúsculo, que firma la banda sonora, también se convierte en un personaje más, manteniendo el pulso y la tensión a lo largo de la película.

José Sacristán vuelve a deslumbrar en su papel de mafioso, demostrando que a su edad todavía puede seguir dando lecciones desde la gran pantalla. Tosar es uno de los actores más camaleónicos de nuestro país y dota de veracidad y sentimiento su papel de hermano cobarde y padre accidental. Pero la sorpresa la da Mario Casas. Como ya ha venido demostrando con su rol policíaco en "Grupo 7" (2012) o con su vis cómica en "Las Brujas de Zugarramurdi" (2013) y "Mi Gran Noche" (2015), Casas se confirma aquí como un actor capaz de llevar el peso de la película sobre sus hombros, encarnando a un tipo duro y violento capaz de todo por su familia y que busca la redención a través del amor.

No podemos olvidar tampoco a Ingrid García Jonsson, que pese a sus pocos minutos en pantalla, roba cada plano en el que aparece; y ojo con José Manuel Poga, que borda su papel de secuaz número uno de Sacristán. 

Es indiscutible que el film maneja referencias clásicas y reconocibles como "El Padrino" o "Taxi Driver", pero también posee el pulso visual y estético de directores como Winding Refn ("Drive"). Algunos han criticado sus influencias pero, ¿acaso "La Isla Mínima" no recordaba a "Memories of Murder"? ¿O "El Desconocido" no era algo así como la suma de "Última Llamada" y "Speed"?

Parecía imposible rodar algo así en España, bañarlo de aires andaluces y cubrirlo de imaginería religiosa, convirtiendo de paso un edificio de Torremolinos en una fortaleza inexpugnable. Kike Maíllo logra de nuevo un film atípico, un "rara avis" dentro del cine español que con el tiempo, seguro, se convertirá en una película de culto. Lástima que algunos sigan empeñados en que lo que viene de fuera siempre es mejor. 


  

16 de mayo de 2016

Y el ganador de Eurovisión 2016 es... Justin Timberlake

Pues sí. Si hay alguien que de verdad ha sacado todo el partido posible a su actuación en la gala de Eurovisión ese es sin duda Justin Timberlake. Por primera vez, un artista no europeo y sin relación con el festival actuaba en la final eurovisiva. No era casualidad. Timberlake aprovechó un pequeño viaje europeo que incluía otra parada en el festival de Cannes para presentar la película de animación "Trolls", en la que pone voz a uno de los personajes y canta "Can't Stop the Feeling!", un tema que acaba de estrenar. Teniendo en cuenta además que Eurovisión tiene un público potencial que abarca toda Europa e incluso Australia y que, por primera vez, se emitía también en EEUU, Timberlake no pudo elegir mejor momento y lugar.


En una actuación de 7 minutos que incluyó una pequeña introducción con "Rock Your Body", Timberlake, arropado por una gran banda, volvió a demostrar con "Can't Stop the Feeling!" que sigue siendo el más digno sucesor del gran Michael Jackson. Una actuación con un público de cerca de 200 millones de teleespectadores a nivel europeo que da una difusión a la canción de Timberlake que difícilmente alcanzaría en cualquier otro espectáculo televisivo.

Respecto a la gala en sí, poco más tengo que aportar. Jugamos como nunca, perdimos como siempre. Por primera vez en mucho tiempo, las cosas se hicieron como debían. Una canción pegadiza, letra en inglés (del de verdad, no del de la Rosa de España) e incluso gira previa europea para dar a conocer la canción. En directo la puesta en escena y los bailes nada tuvieron que envidiar a los demás participantes. 


Barei y su "Say Yay!" puso a todos a bailar y fue una de las actuaciones en las que el artista más interactuó con el público. Parecía, en el mejor de los sentidos, un concierto de verdad. 

Lo malo fue que las quinielas y las casas de apuestas se equivocaron de pleno. Partía como una de las favoritas (subió al tercer lugar tras su actuación, incluso), pero el caprichoso sistema de votación (un jurado elegido en cada país) no nos benefició demasiado. Si no me equivoco, tan solo Italia nos dio 12 puntos. Lo más irónico es que en cabeza iba Australia, que ya no es "sólo" que no sea un país europeo, es que es, directamente, otro continente. Y, claro, las reacciones en las redes sociales no se hicieron esperar.

Hasta ese momento no nos iba tan mal (entre comillas). Manteníamos una posición bastante digna en la mitad de la tabla (decimotercer lugar) y en las redes sociales Barei era la artista más comentada, incluso por el cómico Ricky Gervais.

Pero llegó el televoto. Un sistema que Dios sabrá como demonios funciona y que, sumado a los votos de los jurados echó por tierra todo lo logrado anteriormente, relegándonos a un más que injusto puesto 22 y quitándole a Australia una victoria que parecía cantada.

 





Al final la victoria fue para Ucrania y la cantante Jamala y su canción "1944", sobre la deportación de los tártaros de Crimea a manos de Stalin. Ojo, y eso que no se admitían temas con contenido político.

 
Qué le vamos a hacer. Merecíamos haber quedado en una mucha mejor posición, pero parece demostrado que Europa no nos tiene demasiado aprecio. Eso sí, parece que Barei ha venido para quedarse y podremos seguir disfrutando de su música y sus conciertos, así que "Say Yay!".