Publicidad

19 de agosto de 2014

Crystal Fighters, Santiago de Compostela, 26-07-14


Han pasado ya tres semanas desde que los Crystal Fighters pasaran por la Praza da Quintana durante las fiestas del Apóstol. Un día después de Los Planetas y dos días antes de Belle and Sebastian, como si de una especie de festival indie se tratase, los Crystal Fighters llenaban la Praza da Quintana. Un hecho que ya no sorprende, tras haber llenado el pasado año en sus conciertos de Vigo y Santiago. Sí he de confesar que los que pasábamos de treinta nos sentimos un poco fuera de lugar con tanto adolescente (aquello parecía una fiesta de fin de curso), pero parece que a medida que aumenta el éxito del grupo baja la edad de sus adeptos.

Con todo, lo que más me sorprendió (y frustró) antes de empezar el concierto fue ver como más de uno se colaba desde algún acceso a la Quintana, a menudo con el beneplácito de la seguridad del concierto, con la excusa de ir al bar que da a la plaza o simplemente atravesar el lugar para llegar a otra parte. Concretamente, una pareja de guiris ya entrados en años pasaron antes del concierto y acabaron en primera fila dándolo todo al final del concierto. Que ya que pagas 20 euros por tu entrada, deberían controlar un poquito más el tema, ¿no?

Desde el primer momento quedó claro que la capacidad de su cantante, Sebastian Pringle, de seguir sorprendiéndonos con vestuarios cada vez más imposibles sigue intacta. Por si el puñado de collares y el tocado de plumas de pavo real no fuese suficiente, el look se completaba con una cuerda atada sobre su cuerpo como si fuese una red para pescar. 

Pero al margen de su look, también dejaron claro desde el primer momento que sus hits siguen funcionando como una máquina bien engrasada y puesta a punto. De "Solar System" a "Follow" pasando por un temazo tan incontestable y veraniego como "L.A. Calling", resultaba imposible resistirse a corear y bailar las canciones de los británicos. 

La energía del grupo y los constantes gestos hacia el público (brazos arriba, palmas y demás) lograron el ambiente propicio para convertir la Quintana en toda una fiesta. "Plage", "You & I", "Love Natural"... toda una colección de éxitos que no dejaron a nadie impasible. La clave del éxito del grupo demostró estar en su directo y en la química que tienen con el público, además de que sus canciones son contagiosas y siempre hay algún uoh-oh o un yeah-yeah que todos puedan corear, sea cual fuere su nivel de inglés. 

No se olvidaron tampoco de algún tema que no podía faltar en un concierto de verano, "In the Summer", o de otros clásicos de su repertorio como "Champion Sound" o "Are We One", buscando la complicidad del público más si cabe.

Con el bis llegó el protagonismo de la txalaparta al comienzo de la mítica y muy rave "I Love London", recibida con entusiasmo por todo el público. El broche final lo ponía uno de sus temas más populares, especialmente desde que aparece en un spot televisivo, "At Home", en la que las dos coristas del grupo toman todo el protagonismo. Todos coreamos los míticos no no no no no no no no... yeah yeah!... yeah yeah!, dando lugar a uno de los momentos más especiales de la velada.

Es su momento y lo aprovechan al máximo. Crystal Fighters lo saben y siguen sacando el máximo partido de esa química que tienen con el público y un sonido tan ecléctico que va de lo acústico a lo electrónico sin admitir etiquetas como indie o mainstream. La clave probablemente está en que siguen pasándoselo bien y dándolo todo cada vez que se suben al escenario, y el público responde a su llamada. London Calling, como decían The Clash.

1 de agosto de 2014

Marés Vivas 2014 (19 de julio): Wandering Stars

Si no pudimos quedarnos para acudir a la tercera jornada del PortAmérica, fue por causas de fuerza mayor. Desde hacía ya meses, el 19 de julio estaba marcado a fuego en nuestras agendas como ese día en el que veríamos a Portishead en concierto. En realidad, para mí era la segunda vez que les vería en directo. La primera, que ahora me parece ya tan lejana, fue en el año 2008, cuando actuaron en el Heineken Music Hall de Amsterdam, tras volver a actuar en directo después de 10 años sin hacerlo. Presentaban su tercer disco, "Third", el primero en once años, y lo recuerdo con cariño, aunque sólo conserve de aquello unas cuantas fotos borrosas y acabar volviendo a casa en un taxi compartido con un chino al que no conocía de nada. 

Así pues, el festival Marés Vivas, ese extraño, colorista y verbenero evento que ya me sorprendió y se ganó mi corazón hace un par de años con conciertazos como los de Garbage o Billy Idol, me daba la oportunidad de disfrutar nuevamente del directo del mítico grupo de Bristol.

Me gusta la fórmula del Marés Vivas. Un escenario, el Palco Santa Casa, en el que tocan un par de bandas portuguesas y prácticamente noveles cada día, el otro, el escenario grande, en el que tocan las 4 bandas grandes cada día, y, por último, un par de dj's para los que quieran quedarse toda la madrugada. La pregunta es obvia: ¿Cómo pueden permitirse contar con nombres tan gigantescos como el de Portishead? Patrocinadores. Por un tubo. Cada uno de ellos cuenta con su stand en esta feria-festival y promociona sus productos a través de juegos, concursos, photocalls... Esta fórmula es la que les ha permitido contar con carteles tan atractivos durante todos estos años, y que sigue contando con el favor del público, que acude incluso en familia.

Nos adentramos en el recinto para ver una banda por la que sentía especial curiosidad, We Trust. Mi primera sorpresa fue la de ver a tanta gente sobre el escenario. 12 personas, incluido un cuarteto de cuerda, en un formato especialmente preparado para dos conciertos, el que dieran la semana anterior en el Optimus Alive, y el que darían ahora en el Marés Vivas. La segunda sorpresa fue confirmar que We Trust eran una banda portuguesa. Tras escuchar su debut, "These New Countries" (2011), tenía la sensación de que procederían de alguna parte de Europa, quizás por el tipo de música que hacían.

We Trust dieron un concierto genial, animando al público en todo momento con palmas y uoh-uoh's. Imposible resistirse a temazos como "Once at a Time", "Time (Better Not Stop)" o "We Are the Ones", que todos acabamos coreando y palmeando, como también lo hicimos con su homenaje al "Dreams", de Fleetwood Mac. El ambiente fue estupendo y la química con el público fue total. Todo un descubrimiento, al menos para mí, que no estaría nada mal importar a próximas ediciones de nuestros festivales gallegos.

También merece la pena remarcar que la guapísima Sofia Ribeiro volvió a desmontar ese falso mito de la portuguesa con bigote del que tanto uso siguen haciendo los cómicos españoles. Sí, sí, feísimas las portuguesas, vaya...

En cambio The Gift sí que son ya ampliamente conocidos en nuestro país. Aquí estaban rodeados de su gente, y pronto quedó claro que son una de las bandas más queridas en Portugal. Se hizo notar especialmente en los pocos temas que sonaron en portugués, como "Fácil de Entender", cuya letra cantó más el público que la propia Sónia Tavares. Por lo demás, parecen no haber cambiado un ápice su repertorio desde que publicaran "Explode" (2011). "RGB" y "Made for You" fueron de las primeras en sonar, y pronto se encontraron con canciones más antiguas y ya clásicas del grupo como "Music", "Driving You Slow" o "OK! Do You Want Something Simple?". 

Conservan su elegancia sobre el escenario y un directo sólido y efectivo, pero últimamente me da la sensación de que se han quedado un poco estancados y ya no arriesgan en absoluto. Probablemente tenga que llegar nuevo disco que le dé un nuevo impulso y nuevas canciones a su directo. Con todo, el público portugués quedó encantado con su concierto hasta tal punto que parecían ser ellos los verdaderos cabezas de cartel de la noche.

Los siguientes en pisar las tablas fueron dos de los locutores de Rádio Comercial, uno de los grandes patrocinadores e impulsores del festival. Siguen interpretando esa canción dedicada al festival con música de la sintonía de "Los Vigilantes de la Playa", pero lo que hicieron en esta ocasión fue lanzarse al público dentro de un cilindro de plástico transparente y una balsa de plástico, respectivamente. Una verdadera locura al estilo de The Flaming Lips (su cantante hace eso a veces dentro de una esfera de plástico) que llegó a buen puerto ayudada de las manos de todo el público.

La inminencia del concierto de Portishead hizo que los más avispados de entre los miles de asistentes al festival (los medios hablan de 70000 personas durante los tres días), quisieran abrirse paso a empujones y al grito de "Com licença". Si un portugués te dice esto en un festival, es que se te va a colar. No es una pregunta, es una afirmación. Aún así, la situación pareció calmarse al inicio del concierto, mientras veíamos sobre el escenario una imagen enorme de Putin enmarcado en una especie de cartelería soviética de propaganda. 

Parece mentira que una banda que sólo ha publicado tres discos en 20 años siga siendo un referente de la música contemporánea. Pero es que claro, ¡qué tres discos! Tres joyas para enmarcar: "Dummy" (1994), "Portishead" (1997) y "Third" (2008). Mucho más allá de aquel "sonido Bristol", etiqueta con la que se acuñó a aquella generación de bandas como Massive Attack, Tricky o los mismos Portishead, la banda liderada por Beth Gibbons conserva intacta su capacidad de emocionar y sorprender sobre el escenario.

Aunque la lluvia amenazó, finalmente sólo cayeron cuatro gotas aisladas durante el concierto. El pistoletazo de salida lo dieron las palabras en portugués que suenan al comienzo de "Silence", el impresionante tema que abría "Third". Geoff Barrow, desde las percusiones, controlaba que toda la banda sonase a la perfección (en directo, unas seis personas sobre el escenario). El final abrupto de la canción (tal y como sucede también en el disco) con Adrian Utley interrumpiendo el sonido de su guitarra, dejaba escuchar los primeros aplausos y ovaciones a la banda.

No tardó mucho en llegar la enorme "Mysterons", todo un clásico ya de la banda, para proseguir con "The Rip" y la preciosa animación que lo acompaña en directo de fondo (en el videoclip sólo veíamos parte de ella), y "Nylon Smile", ambas procedentes del álbum "Third".
Mención aparte merece ese momentazo que supone escuchar las primeras notas de "Sour Times" y corear junto a miles de personas el ...'cause nobody loves me/ it's true/ not like you do... Uno de los momentos más brillantes del concierto, pero no el único, ya que le siguió la enorme "Magic Doors" y la canción más despojada de artificios de toda la noche. Beth Gibbons se hacía acompañar únicamente de Geoff Barrow con una guitarra acústica para interpretar otro clásico, "Wandering Star", que ponía la piel de gallina.

"Over" volvía a poner de relieve ese tono dramático y oscuro de la música de Portishead, para dar paso a la muy electrónica, ochentera y contagiosa "Chase the Tear", último single publicado hasta la fecha de la banda y no incluida en ninguno de sus discos. Una gozada esa sorpresa dentro de un repertorio impecable que incluyó la brutal "Machine Gun", acompañada de impactantes imágenes de explosiones nucleares y otras catástrofes provocadas por el ser humano.

Para rematar antes del bis, un trío ganador compuesto por un tema de cada uno de sus discos. "Cowboys", "Glory Box" y "Threads" pusieron el colofón al concierto.

No sabíamos si volverían para un bis (al fin y al cabo, en un festival no puedes contar con ello), pero sí lo hicieron. Nada menos que "Roads", una canción que nos sigue estremeciando 20 años después (y por mucho tiempo), y que resume perfectamente la esencia de Portishead y cómo es posible que sigan siendo una de las bandas más importantes de la música contemporánea. La puntilla la puso otra maravilla, "We Carry On", con Beth Gibbons bajándose finalmente del escenario para abrazar y dar la mano a las primeras filas del público.

Inmensos. Muy grandes. Un concierto inolvidable que, por otro lado, demostró porque Portugal sigue teniendo ese poder de atracción para las grandes bandas, sobre todo aquellas que no van en la dirección más mainstream. Frente a las 5000 personas que habían congregado en el Palacio de los Deportes de Madrid (y eso que no habían tocado antes en España), en el Marés Vivas el público estuvo entre las 20000 y las 25000 personas (muchos españoles también, claro). Tanto es así, que desplazarse tras el final del concierto era tarea prácticamente imposible.

Sabemos que después de Portishead no era necesario que saliesen más artistas al escenario, pero sí salió alguien más. Si hace dos años la que cerraba el festival era una chica blanca, rubia y soulera, este año también. Joss Stone, que no pegaba ni con cola con el resto del cartel, se subió al escenario mientras muchos tratábamos de movernos y comer algo por el recinto. Se mostró simpática y con ganas, aunque no sea santo de mi devoción, y cantó algunas de sus canciones más conocidas, entre ellas "You Had Me" o "Super Duper Love (Are You Diggin' On Me?) Pt.1" que, curiosamente, es una versión de un artista de los 70 llamado Sugar Billy, si bien es ella quien la ha popularizado. 

No menos curioso es averiguar, a posteriori, que Stone haya sido ni más ni menos que la quinta artista británica menor de 30 más rica del Reino Unido según el Sunday Times en 2012 (la número uno era Adele), y que sigue vendiendo discos como churros, aunque no en España, sí en países como Argentina, Holanda o Suiza, lugares donde su último disco estuvo en el top 5 de los más vendidos.

Aunque no enganchaba y no aportaba espectáculo, sonaba bien, pero con ver esa primera media hora de concierto nos bastó para emprender una retirada que nos llevó un buen rato. Así como llegamos a la entrada, no tuvimos más remedio que resguardarnos del chaparrón que empezó a caer, bajo la enorme carpa en la que pinchaban los dj's.

Al final llovió, sí, pero el gran recuerdo de una noche inolvidable con Portishead no nos lo podrá borrar nadie. Marés Vivas, qué grande eres.